El gran salto



Nos dicen que soñemos a lo grande.
Nos educan para mirar a las estrellas y pensar que podemos llegar a ellas.
Nos hablan de gente ilustre que ha conseguido grandes hazañas.

Pero no nos advierten del esfuerzo, riesgo y pérdida que a veces implica el triunfo, y lo que es aún más importante, nadie nos lee la letra pequeña donde dice que a pesar de reunir todas las cualidades no hay garantía para dicho logro.


Tengo 29 años, demasiado vieja para creerme que a la gente buena le pasan cosas buenas y demasiado joven para conformarme con frases hechas.
Me he metido sin quererlo en la crisis de los 30, en plena batalla por redirigir mi vida (pretendiendo tener control sobre ella) para una vez más renacer en  busca de mi propia felicidad, aunque ésta tenga mil formas.

Y aquí estoy al borde de la piscina, de una nueva, sin saber cual es la profundidad ni la temperatura del agua. No veo flotador salvavidas pero quiero saltar aunque el pánico me frena.
Detrás de mí no hay ningún lobo feroz pero una vez llegado a este rugoso borde, enfrente de su color turquesa y su fuerte olor a cloro, el paso más razonable parece ser zambullirse, a ver qué pasa.

Pero no puedo dejar de oír todos los riesgos que conlleva, se está a gusto en al zona de confort porque aunque no estemos a gusto, esa sensación nos es familiar. ¿Y si me estoy equivocando?¿Y si es una mala decisión?¿Tengo necesidad de esto?¿No puedo aguantar un poco más?¿Para qué aguantar?¿A qué estoy esperando?¿Qué me espera?

Y justo cuando voy a echar un pie para atrás, sin saber todavía si es para retirarme o para coger impulso, una voz dentro de mí dice "Te mereces buscar tu propio éxito" a lo que mi madurez añade, "Y puedes permitirte fracasar"

Es bien sabido que ha esa voz interior hay que hacerle caso, que si dudas ya has decidido, que es mejor arrepentirse por  intentarlo,que tienes una vida por delante, que en el fondo te hace ilusión, que ese miedo son las ganas.

¡ALLÁ VOY!

Ya no hay marcha atrás, y no saber nadar ya no es una excusa, no hay nadie más en este salto y no hay nada que frene el impacto...
Jo qué asustada estoy y qué viva me siento.
No me contaron nunca en el colegio que iba a ser tan dificil, que esos segundos se iban a hacer tan eternos, que iba a tener tan poca seguridad y que iba a tener que contar con ello. Y lo peor es que todavía no me he zambullido y no sé si lo odio o lo estoy deseando.

Pero es la decisión que he tomado y voy a respetarlo.

Nos protegen de sufrir impidiéndonos hacernos grandes al levantarnos
Nos enumeran las razones por las que no cambiar y nos acusan de conformarnos.
Nos mentimos al cuidarnos.

Tengo 29 años y sé cuánto se pierde en un segundo. Tengo muy  poco y al mismo tiempo mucho que perder. Pero quiero convencerme a mí misma de que tengo derecho, incluso estoy en la obligación, de buscar siempre lo que me haga dormir mejor. No hablo de salarios, no hablo de contratos (aunque todos dormimos mejor sin hipoteca) hablo de llegar al fondo de uno mismo con honestidad y decir no sé cuánto hay dentro de mí y quiero averiguarlo.













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