De carne y hueso



Da igual todo el maquillaje que lleve, lo bien que me haya quedado el pelo, tampoco lo arriesgado de mi ropa. Da igual todas las capas que ponga que al final soy como somos todos, un ser humano de carne y hueso.

Que sufre, que llora, que se impacienta y se alimenta de pequeñas ilusiones.
Un ser vivo que sufre la vicisitudes de la vida, la arbitrariedad de los acontecimientos sin, la mayoría de los casos, poder ponerles remedio.

Pero toda esta parafernalia que yo misma promuevo, hace que aveces me olvide que soy eso, un trozo de carne con emociones y sensaciones. Y de pronto como si fuese una sorpresa reveladora me doy cuenta de que estoy concebida y creada para sentir y que no hay como no enfrentarse a eso.




Pero no soy la única. Nos hemos olvidado de que no somos super héroes, de que no tenemos por qué serlo. De que está bien sentirse mal, maldita sea de que es lógico. Que la tristeza siempre sirve para algo, que el dolor también endurece, pero que sobre todo ser uno mismo libera.

Y es cuando soy yo, bajo todo eso que los demás pasajeros del autobús pueden no notar, que siento verdadero pánico. Porque ser yo es catalogado como débil, vulnerable incluso caprichoso. Y me hace sentir mal cuando los demás dicen de mí que tengo poco aguante...¡Ay amigo si supieses toda la batalla que libro mientras te veo tomar tu café! y la historia, la magia de esto, es que todos la libramos, por mucho que nos cueste darnos cuenta.




Flaquear no es de mediocres, y el miedo no es de cobardes. Que tengas un amigo aventurero e intrépido no te convierte en un ser soso porque no te apetezca ir a esa acampada. Quizás no necesites de esa emoción en tu vida, quizás las pelis de aventuras no sean de tu estilo.

Y si hoy, simplemente hoy, dejas de pedirte ser y simplemente ERES.

Esa persona insegura y tímida, esa madre desorganizada, ese jefe sin liderazgo, ese enamoradizo por naturaleza. Y paras de decirte a ti mismo que lo podrías haber hecho mejor, que estabas en el deber de haber sacado un 10. ¿Y si hoy lloras en público?




En pijama, en casa, desmaquillada, frente a la nevera, con el móvil cargándose, cansada emocionalmente y físicamente, preguntándome cómo será mañana, deseando no sufrir y sintiendo que sentir no me corresponde...no hay vestido de trigresa, ni eyeliner que borre de mí quien soy, aunque nadie se haya dado cuenta. Aunque rece porque nadie haya notado en quién están reflejados.

Un día más siempre es un victoria pese haber perdido. Porque la vida no es más que un ensayo, un ejercicio, una práctica donde nos han vendido que la nota que nos pongan nos abrirá diferentes caminos. Si hoy no consigo este trabajo estoy acabado, cómo voy a divorciarme a esta edad, necesito perder cinco quilos para ponerme ese vestido.

Lo que vengo a deciros es que la directora de Vogue, el inversor de Movistar, tu compañera de oficina, tu hermano el mayor...todos son de carne y hueso, todos juegan a una ecuación para que les salga ser feliz y ¿No es mejor jugar a cara descubierta? ¿No sería mejor un mundo donde pudiésemos contestar "mal" a ¿Qué tal? sin sentir un ápice de vergüenza?

Yo la primera.
                                                               by Alba de Soto






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