Rebel Rebel






Si me conocéis, de mí jamás dirías que soy rebelde. Soy más parecida a mamá pato que a James Dean. Nunca abandono la casa sin hacer la cama y me cuesta mucho no ordenar la ropa por colores.
En el trabajo estoy siempre dando la lata guardando la grabadora en su sitio o archivando los papeles inmediatamente . Además y para más muestra soy la reina indiscutible de la reclamación "Deme la hoja de reclamaciones" vamos, que ya me tutean en Consumo.

Así que a primera vista no me parezco en nada a una persona rebelde, si como rebelde vemos a una persona fuera del orden y de la ley. Pero en realidad soy más rebelde que todo eso.



Soy de una rebeldía única y diría que bastante peligrosa.
No me importa hacer las cosas como mandan pero no puedo dejar de cuestionarlas en mi interior.

Aunque sepa acatar ordenes y vivir dentro de una sociedad equilibrada como ésta (JA!) no puedo aceptarla en mis entrañas.

Hace muchos años que no me pongo el pelo de colores y no me cuesta tanto encontrar ropa en las tiendas habituales, pero siempre tengo que darle un toque diferente, como si este toque fuese a vida o muerte.



Mi rebeldía es ególatra, mi rebeldía me hace compadecer la inteligencia de la mayoría y me hace detestar lo que es del gusto de todos. Este sentimiento que creía, era sólo odio, es una necesidad imperiosa de poner en tela de juicio todo sin realmente judgar a nadie, porque ella en sí me impide dictaminar si está bien o mal, simplemente preguntármelo.




Por eso no me gustan los espacios cerrados y viajar en avión me pone histérica, porque no puedo hacer/salir cuando me apetezca. 

A veces estoy en el trabajo y sufro porque trabajar de cara al público es ser políticamente correcto y cuesta tanto no decir lo que pienso. Pero claro, decir lo que uno piensa, que es el estandarte de la rebeldía, te mete en muchos líos. 

Ser una misma, expresar las ideas, opinar y deshacerse de opiniones crea mucha confusión.
Estamos tan acostumbrados a que la gente adormecida por quedar bien, diga lo que debe de decir, que confundimos la honestidad con soberbia. Supongo que hay sabores que de tan puros no son del gusto de todos. Y es  mi sabor, mi esencia, mi forma de rebeldía. 



Si todo el mundo está viendo esa serie, pierde completamente mi interés. Si todo el mundo va a ese nuevo restaurante ¿Para qué voy a ir yo?.
Necesitar hacer especial todo lo que esté a mi alcance y normalizar todo lo que para los demás sea especial porque no me gusta que las expectativas de los demás condicionen mi experiencia. ¿No es eso rebeldía?

Esta cualidad de la que me gustaría prescindir, hace de mí una persona reflexiva pero complicada de llevar. Demasiado inteligente para adecuarse a las banalidades cotidianas, in suficientemente inteligente para sobreponerme a ellas. 

Todo necesita ser inspeccionado, medido, clasificado, integrado o destruido. Nada es indiferente para el rebelde.

Nada me es indiferente, ni soy indiferente a nadie.




 Rebelde. Con causa, porque siempre hay una.

Rebelde intrínseca. Con herencia genética, porque no existe otra manera.

Rebelde conformada. Con paciencia, porque es la única manera para la supervivencia.

Pero Rebelde, siempre rebelde.



Hasta la próxima

Stay Cool


fotografía: Juan García - @capone2210
bolsos y gafas de sol: Designer Exchange - @webuydesigner


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