Cuando muere un ídolo. Adiós a Pete Burns



Y sucede de la misma manera, un whatsapp, un mensaje, una llamada..."Alba, Pete Burns ha muerto..." de la misma manera, con los mismos tres puntos suspensivos que se usaron con "Alba, Bowie ha muerto..." "Alba, Prince ha muerto..." tres puntos que significan todo, que demuestran dolor, desconcierto, que dejan un espacio para ese vacío, porque cuando un ídolo muere, algo de ti muere también...



De Pete Burns, el único vocalista de Dead or Alive, no habrá un aluvión de noticias ni un hashtag para compartir el dolor en las redes sociales. Porque Pete Burns no era el emblema de un siglo, como lo fue Bowie, ni tampoco el Mozart de nuestra era como lo fue Prince.

De Pete no habrá portadas de periódicos porque la mayoría de las personas ni siquiera podrán reconocer su nombre sin buscarlo en google y darse cuenta que era "el tipo gay que cantaba You Spin me round (like a record)" entonces ¿Por qué no pude escribir sobre la muerte del Duque Blanco ni de el rey de Minessota pero he tenido que cojer el ordernador y escribir sobre él?




Cuando Bowie murió, la pequeña Alba que escuchaba antiguos casettes de Diamond Dogs y Aladin Sade se quedó sin compañía. Esa única persona que me había acompañado tantas horas de soledad, dolor, melancolía y diversión, había desaparecido y no podía decirle adiós. No fui capaz de asimilar su pérdida en semanas. Todas las lágrimas que no pude llorar en la adolescencia, que sólo él supo entender, brotaban cada vez que oía "Ziggy play guitar" y no creo que nunca vuelvan a cesar  ...

Cuando Prince murió, me pilló sola en Nueva York, en mi último día en la gran manzana. Dos noches antes emitían "Purple Rain" y me juraba a mí misma, ahora que había hecho mi primer viaje transoceánico sola, que no desaprovecharía la próxima oportunidad de verle actuar. Salí del metro en Prince Station entré en una tienda y sonaba su icónico Kiss y pensé "Qué mágica coincidencia" mi móvil vibró y mi alma se rompió un poco. Se fue sin esperarme, se fue si dejarme conocerle, se fue sin avisar, sin pedir permiso...




Pero hoy, cuando me he enterado que Pete Burns había muerto de un infarto, por primera vez sentí una inmensa pena que no tenía que ver con lo que su música había significado para mí, si no con lo poco justa que había sido la vida con él.

Su espectacular y varonil voz contrastaban con su femenina imagen. Transgresor antes que transgénero, nunca llegó a solidificar su condición de mujer. Creador antes de destructor, porque hizo de él un monstruo insatisfecho. Demasiado de todo para ser fácil, demasiado genial para no ser popular.






Con él se hace real la expresión "Descanse en paz" porque Pete nunca descansó de su comprensible sufrimiento. Se sometió a mil operaciones que dieron más que hablar que su música, y tal vez, igual que sucediese con el artista anteriormente conocido como Prince o el hombre de un ojo de cada color, su imagen y su personalidad sólo eclipsaron al quién no supo apreciar su música.

Y es la música lo que nos hace echarles a todos de menos, porque es su música (decisiva o no en la historia) lo que nos hará extrañarles. Que sí, que Dead or Alive no fue si no un boom de su época, que sí su composición rítmica no da para escribir libros, pero también SÍ a que su música ha movido más cuerpos que el dinero. Teniendo siempre la suerte de ser la melodía de tantos momentos para tantas personas su importancia es igual que los recuerdos de tantos de nosotros.



La voz de Pete Burns es la sintonía de aquel baile, de esas vacaciones, de cuando te maquillabas frente al espejo, de la película que te gusta...la encarnación de lo que era ser realmente cool...

Supongo que es por eso que cuando un ídolo muere, esos ratos se van con él y mientras los ves marchar, te pones a pensar cómo de únicos fueron y lo triste es que ahora no haya oportunidad de repetirlos.

Da igual si los conoces o no, porque para mí, esa mañana de domingo en el coche de mi amiga Isabel, cuando me dijo "Esta canción de va a encantar" y le dio a play, Pete Burns estaba con nosotras y ahora que ya no está... mi recuerdo se vuelve un poco triste. Menos mal que tenemos su música para compensar.

Descansa en paz Pete, desde aquí tu música no dejará de sonar.








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